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Una profecía cumplida

La Jornada   /   
 Domingo, Febrero 18, 2018

   

EL DESPERTAR Por: Jose Agustín Ortiz Pinchetti 

 

El domingo pasado, Enrique Krauze escribió un artículo sobre una de las facetas más interesantes de Daniel Cosío Villegas: su denuncia del sistema monocrático que vivió México. Hasta ahora ese mismo sistema ha prolongado su vida gracias a la asociación perversa entre el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional, pero en decadencia. Estamos en el año 0 de la democracia.

En 1946, don Daniel denunció que la suerte del régimen y de la nación estaban en peligro (La Crisis de México), porque las metas de la Revolución Mexicana, que él juzgaba certeras, se habían abandonado: el régimen, aunque sólido, había perdido el rumbo, estaba en una crisis muy grave; no había construido una democracia política ni mejorado la distribución de la riqueza, ni cimentado la soberanía.

Don Daniel no sólo fue historiador, sociólogo, economista, politólogo, fundador de instituciones, sino profeta, y vaticinó: México perdería su autodeterminación y su identidad, concluiría en confiar sus mayores problemas a la inspiración, la imitación y la sumisión a los Estados Unidos de América. Cosío afirmaba que el sacrificio de la nacionalidad traería la pérdida de la seguridad, del dominio y de la dicha de quien consigue labrar su propio destino.

 

Cosío no pudo ver cumplida su profecía, pero comprobó cómo la nación perdió el camino. El inmovilismo del sistema se justificó como en tiempos de Porfirio Díaz, por el crecimiento económico y la paz social, pero estos factores colapsaron uno tras otro a partir de 1985. En 50 años padecimos 10 gobiernos fallidos. La clase política creció en esta circunstancia, la mayoría abrumadora de los políticos se adaptó al deterioro progresivo. Una excepción fue Andrés Manuel López Obrador. Es el único político importante que tomó como referencia el pensamiento de Cosío, las ideas del profeta se encuentran en sus libros y en su discurso y son la base de todo su proyecto de transformación de México.

 

La crítica de don Daniel puede reproducirse palabra por palabra en nuestros días: el país está en una crisis política y moral de grave trascendencia, y si no se le reconoce y admite, y si no se hace el mejor de los esfuerzos para redimirla, México caminará a la deriva, perdiendo un tiempo que un país tan retrasado en su evolución no puede perder; o se hundirá, para no rehacerse quizás con una personalidad propia.

   


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