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SE FUE PALOU. ¿QUÉ SIGUE? | Imprimir |  E-Mail
lunes, 03 de diciembre de 2007

LÍNEA ABIERTA

Por Josefina Buxadé Castelán*

El jueves en la tarde nos enteramos, precisamente por e-consulta, que Pedro Ángel Palou dejó la Rectoría de la Universidad de las Américas-Puebla (UDLA) para atender una invitación a incorporarse como investigador en el Centro de Estudios de lo Actual y lo Cotidiano de la Universidad Sorbona V, René Descartes.

Seguramente muchos de los logros que indica el boletín de prensa oficial serán ciertos. Pero igualmente cierta es esa sensación que se percibe entre la comunidad universitaria –alumnos, exalumnos, profesores, empleados, profesores despedidos- de que durante la administración de Palou la UDLA fue inexplicablemente devastada.

Hablar de percepciones o de sensaciones es complicado, por la falta de pruebas; aunque se podría hacer mención, por ejemplo, de una manta, colocada ayer en uno de los puentes peatonales que hay sobre la Recta a Cholula, con la leyenda "La UDLA celebra la salida de Palou". Obvio que un solo alumno pudo haberla puesto, pero la percepción, repito, parece generalizada al menos en ciertas áreas de la universidad.

Por mi encargo por cuatro años como comisionada de la Comisión para el Acceso a la Información Pública (CAIP), tengo una licencia sin goce de sueldo, para el mismo periodo, como profesora asociada del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UDLA. Yo entré a la CAIP en enero de 2005, y en febrero de ese año Palou fue nombrado rector, por tanto, sus dos años y nueve meses de rectorado me tocó verlos desde la barrera.

Recuerdo perfectamente su elocuente discurso durante el sexto aniversario del periódico estudiantil La Catarina, en el que defendió la libertad de expresión y elogió el trabajo de los estudiantes. Bastaron unos cuantos meses, para que en octubre del año pasado emprendiera una embestida mortal contra el Departamento de Ciencias de la Comunicación. Sus administradores removieron a la doctora Claudia Magallanes como jefa del departamento, para imponer a la licenciada Martha Laris, cuyo mayor mérito era ser "la presidenta del club de fans" del entonces vicerrector Lozoya. Laris llevaba la consigna de controlar a los estudiantes que hacían La Catarina. Como no hubo manera de censurarlos, entonces, en enero de este año, las autoridades cerraron el periódico.

La historia es conocida. A partir de la presión de medios universitarios extranjeros, las autoridades devolvieron al periódico a los alumnos; pero en verano asestaron el golpe final. Para agosto salió una nueva Catarina, con el mismo formato y con los mismos nombres de sección que la legítima; pero hecha por un nuevo equipo, con contenidos vacíos, insulsos, aduladores a la administración.

No tengo elementos para hacer una análisis de toda la gestión de Palou, pero el solo hecho de que haya perpetrado ataques de esas magnitudes a la libertad de expresión -que por si hace falta recordarlo es un derecho fundamental- habla terriblemente mal de un escritor, de un humanista, de un supuesto intelectual.

Hay cierto ambiente de regocijo por la renuncia del hombre de letras; pero ninguna claridad sobre el futuro inmediato de la universidad. Corren rumores de todo tipo sobre la venta de la UDLA. Habrá que esperar los anuncios oficiales.

Pero independientemente de quién se quede con la UDLA, éste es un momento histórico: o repunta después de haber tocado fondo, o se hunde.

Me sumo al grupo de académicos que hacemos un llamado a los dueños del campus universitario, para decirles que no nos incumbe qué hagan con la universidad en el sentido de venderla, traspasarla –siguiendo los cauces legales, por tratarse de una Fundación- o mantenerla. Lo que les solicitamos, muy atenta y respetuosamente, es que recuperen el proyecto académico que hemos ayudado a construir durante años. La Universidad de las Américas estaba en vías de convertirse en una de las mejores universidades de Latinoamérica; puede serlo por la calidad de sus investigadores, de sus profesores, de sus alumnos y exalumnos; por el proyecto forjado durante años. No dejen que se desplome.

*Josefina Buxadé Castelán es comisionada de la Comisión para el Acceso a la Información Pública, josefina.buxade@caip.org.mx. Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la CAIP.

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