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Punto de Vista
La divina comedia mexicana |
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| La divina comedia mexicana | | Imprimir | |
| Ramón Beltrán López | |
| lunes, 08 de marzo de 2010 | |
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Hay temporadas en que uno no encuentra tema para escribir. La Semana Santa, la Navidad, el Año Nuevo, son épocas en las cuales es mejor salir de vacaciones, y si acaso no se sale, lo mejor es hacerse tarugo y avisar que se regresa hasta tal fecha. La creatividad está fría, sin inspiración. Los diarios, al igual que los noticieros, se notan exangües, sin materia prima, sin noticias. ¿Y los columnistas? Pues, o se dedican a refritear artículos del pasado o, en el mejor de los casos, a guardar silencio. Hoy sucede exactamente lo contrario. Ante la abundancia de temas no atina uno a escoger cual abordar, cual es el de más interés para el lector. O para el autor. Todos, igualmente deprimentes. Y de momento, al revisarlos para ver cual puede ser más susceptible, más útil, más conveniente para efectuar una disección, se siente que la nausea se apodera de uno. Que lo invaden los arqueos, como les llamaban las abuelitas. Arqueo tras arqueo, lo ponen a uno al borde al borde del vómito. ¿Cuál será el peor? ¿Acaso los pactos de los partidos políticos, de esos que todos niegan porque fueron llevados a cabo en lo oscurito, lejos de las miradas del respetable, y por eso destinados a obtener arreglos vergonzantes que les garanticen de alguna manera que los votantes, los ciudadanos, ya no cuenten con ninguna posibilidad para escoger; que a la hora de votar no exista ya diferencia distinguible entre cerdos, cochinos y marranos? Todos iguales. O acaso lo más nauseabundo será acaso saber que el Vaticano, celoso e implacable guardián de la moral privada, de las sanas costumbres, de la familia y el matrimonio, del llamado "derecho natural", opositor a ultranza de la interrupción del embarazo en cualquier tiempo de la gestación y, por supuesto, de los matrimonios entre personas del mismo sexo, o de la eutanasia, ya sea pasiva o activa, así sea por la voluntad expresa del enfermo, pueda ser al mismo tiempo capaz de encubrir, proteger, solapar, a aquellos curas que violan a niños, a los seres más débiles y vulnerables y que los lastiman física y psicológicamente por el resto de sus vidas. ¿Cuál de los dos será más hipócrita, más mentiroso, más falsario? ¿Y de los dos que hacen mal cual de los dos será el peor, el que peca por la paga o el que paga por pecar? Victimas que guardan silencio a cambio de dinero. Sí, del dinero supuestamente recolectado para ser destinado a limosnas, a obras de caridad… El Vaticano ha pagado ya más de 600 millones de dólares para acallar los escándalos ocasionados por sacerdotes pederastas enjuiciados en tribunales de los E. U. Otros 200 millones más por los escándalos de Irlanda. ¿Y en México? El creador de Los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel fue protegido hasta su muerte, a pesar de que ya eran sabidos sus abusos sexuales, su doble o triple vida, el daño enorme que había inferido a docenas de niños que fueron puestos bajo su custodia. Aquí, al igual que los políticos de alto nivel y que los económicamente poderosos, disfrutó, al igual que todos sus compinches y émulos, de la más absoluta impunidad. En México, a diferencia de E.U. y de la católica Irlanda, no se procesa a los curas pederastas, sean Maciel o Nicolás Aguilar, nunca pisarán la cárcel, y sus víctimas están plenamente conscientes de que quedarán impunes. La Iglesia Católica en México se indigna de que los hijos de Marcial Maciel se atrevan a pedir una compensación económica a cambio de su silencio, tal como ya ha sucedido en otros países, pero para ellos no existe ni una palabra de consuelo, de conmiseración; ni siquiera un tímido mea culpa con apariencia de sinceridad. Doble castigo, doble condena, doble victimización. Nauseabundo todo. Entonces, tal vez sea preferible dedicar nuestra atención al último resultado ofrecido por la Suprema Corte, o más bien por su Comisión Investigadora de la tragedia de la Guardería ABC. Casi 50 niños muertos, 70 marcados física y psicológicamente de por vida. ¿Y cual es el resultado? Que quienes subrogaron las guarderías del IMSS carecían de facultades legales para hacerlo. ¿Y las víctimas? ¿Y sus padres? ¿Y los culpables directos de la tragedia, ya sea por acción o por omisión? Ocultos tras una espesa cortina de humo jurídico-administrativo, podrán seguir su vida, impunes y tranquilos. En la otra cara de la moneda tenemos: 50 niños muertos, 70 lesionados, ningún responsable. Mujeres indígenas presas y sentenciadas a 20 años de cárcel por "secuestrar" a 6 fornidos agentes de la Policía Federal. Comuneros y campesinos presos por defender sus tierras en Atenco. La mitad de los sentenciados a penas de cárcel en este país lo fueron por haber sido encontrados culpables de robo, por montos inferiores a 2,500 pesos. Inevitablemente viene a la memoria el recuerdo de la Divina Comedia, del Infierno de Dante, en cuya entrada se advertía a quienes entraran: "Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!"Porque así de desesperanzados deben (¿debemos?) andar muchos miles, cientos de miles, millones de compatriotas, que por una causa u otra sienten que ya han ingresado en esta especie de infierno, por la puerta de la miseria, la de la violencia, la de la corrupción, etc. Y ya una vez en su interior seguramente que no les resultará en ningún consuelo el saber que los últimos círculos infernales, los peores, el octavo y el noveno, se encuentran reservados para los fraudulentos, y que estos se dividen en diez fosas concéntricas: para rufianes y seductores; aduladores y cortesanos; simoníacos; adivinos; quienes trafican con la justicia; hipócritas; ladrones; malos consejeros; autores de escándalos, cismas y herejías y finalmente los charlatanes y falsarios. Y que en el noveno son atormentados los traidores. En sus cuatro recintos se castiga a fratricidas y a los traidores a sus parientes, a los traidores a su patria, a los traidores a sus amigos y a sus huéspedes y por último a los Judas y a quienes han sido traidores a sus bienhechores. Y tal vez los traidores a sus partidarios, a sus votantes, a quienes confiaron en ellos. ¿Y mientras tanto, mientras los causantes de la desgracia nacional esperan ser castigados en el más allá (ni esperanza de que sea en el más acá), nosotros que hacemos, que nos queda? ¿Abandonamos toda esperanza? ¿Es esto lo que nos merecemos? ¿Y que podemos hacer quienes ya estamos aquí, porque aquí nacimos, dentro de este México de mis amores, y que no lo queremos así? Acorralados ya por la violencia, la impunidad, la corrupción, la mentira, la hipocresía… ¿que nos queda? ¿Hacer lo mismo que otros diez, o más, millones de compatriotas? ¿Huir y abandonar todo lo nuestro? ¿Darle así la razón al cojo Santa Anna? ¿Esperar un milagro? ¿O decidirnos a actuar? |
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