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Los jóvenes migrantes de Chinantla, Puebla | Imprimir |  E-Mail
Sandra Aguilera Arriaga   
lunes, 22 de febrero de 2010

La migración tiene repercusiones importantes en las experiencias educativas que viven los jóvenes en la familia, en la calle y en las escuelas. Las condiciones en las que se quedan cuando su familia emigra, la exclusión social (educación, salud, derechos humanos) que padecen en el país de origen y en el de llegada requieren de estudios e investigaciones que hagan posible centrar la mirada en estas problemáticas.

La migración se analiza desde muy diversos miradores y disciplinas porque es un objeto de estudio multidimensional y polifacético. Sin embargo, queda mucho por conocer sobre lo que ocurre en la vida cotidiana de los niños y jóvenes que viven en los contextos migratorios en los que ven partir, desde hace varias décadas, a sus familias, o a sus amigos, y donde a veces ellos mismos deciden cruzar la frontera. No son pocos los que hacen esto.

Los desplazamientos migratorios a Estados Unidos en un 55 por ciento de los cruces registrados, 429 mil 970, corresponden a jóvenes cuyas edades fluctúan entre los 15 y 29 años de edad (INEE 2008, con datos del COLEF, 2007). La dificultad para obtener datos desagregados por municipio y localidad en el tema nos hacen decir que no sabemos con exactitud cuántos jóvenes chinantlecos cruzaron en esa fecha la frontera; pero sí afirmar que seguramente muchos de ellos formaron parte de ese éxodo.

Una perspectiva por la cual es posible acercarse a estudiar, a este importante grupo social, es la etnográfica y desde el enfoque trasnacional. La primera permite registrar y comprender las redes de significados locales que no siempre pueden conocerse con los índices o las estadísticas. Con la etnografía se descubre la complejidad de la acción humana y de los procesos sociales en los cuales se encuentran estructuras irregulares, impredecibles y que es posible observar y analizar. Tal vez por eso no pretende universalizar los hallazgos.

Por otra parte el enfoque trasnacional deja ver las relaciones y procesos sociales que se dan más allá de los Estados-nación y, más aún, incluye las prácticas y relaciones significativas y regulares que vinculan a los migrantes y a sus hijos con el país de origen. Tales prácticas están encarnadas en las identidades y en las relaciones que se dan entre personas, instituciones y lugares, como dice Robert C. Smith, al escribir sobre Ticuani.

Los jóvenes de Chinantla tienen una serie de experiencias migratorias que les permiten actuar y participar en las actividades cotidianas de esta población en la Mixteca poblana. Ellos adquieren diversos aprendizajes en la práctica social al establecer variadas interacciones con otros jóvenes, sea cual sea su experiencia migratoria: los lenguajes, formas de valorar ciertos actos más que otros; algunos medios para sobrellevar la ausencia de padres y familiares y, además, los modos de sobrevivir a la discriminación en ambos países.

Los aprendizajes que obtienen en estas relaciones les proporcionan una manera de hablar y percibir a los que recién se involucran en las prácticas migratorias y aquellos que han vivido la experiencia por más tiempo; también configuran sus identidades y generan expectativas de vida de acuerdo a las prácticas sociales en las que interactúan. Viven una vida trasnacional.

La participación en el grupo de jóvenes migrantes es una de las maneras en las que definen su pertenencia o no al mismo, es un modo de encontrar un lugar y ubicarse -por sí mismos y por los demás- dentro de ese grupo que representa una comunidad dentro del mundo social. Es decir, que ellos construyen un mundo en el que tienen un lugar y se identifican en él. Sin embargo, es necesario plantear que esto no es lineal ni se desarrolla con el puro gusto de compartir aventuras, sueños y expectativas. Las condiciones socioeconómicas y educativas influyen, desde luego, en esa construcción de mundos figurados.

Si consideramos las condiciones contextuales de Chinantla se puede afirmar que es un municipio de muy alta marginación, no hay fuentes de empleo, el analfabetismo es del 23.2 por ciento. El índice de escolaridad es 5.4 y sólo el 14.3 por ciento de los habitantes tienen acceso a los servicios de salud pública (Conteo de población y vivienda, 2005). La personas que ganan más de dos salarios mínimos alcanza el 14 por ciento pero, al contrario, la población ocupada cuyo tope alcanza hasta los dos salarios mínimos representa la gran mayoría, el 74 por ciento (INEGI, 2000).

Así los jóvenes de Chinantla viven condiciones de alta marginación social y educativa. Es en este contexto desde donde ellos, o sus familiares, emigran hacia Nueva York. La mayor parte de la migración de jóvenes es por causas socioeconómicas pero, también y aunque sea un bajo porcentaje, emigran por probar suerte en el país del norte para mejorar sus condiciones de vida. La migración se respira por todas partes y es difícil ignorar que allá hay familiares, amigos y conocidos que pueden apoyarlos en su intención de irse.

Las escuelas de Chinantla tienen diversas condiciones de infraestructura. Algunas, las mejor equipadas, reciben los apoyos de los comités de paisanos residentes en Nueva York. Otras no cuentan, a veces, ni con el número de profesores requerido para atender a los estudiantes. Tal es el caso del Bachillerato Enrique Nava Martínez de Chinantla, Puebla en el que estudian 110 alumnos, a los cuales atienden 3 profesores de base y dos que paga la comunidad (educación física y computación).

Un solo profesor imparte 9 asignaturas y recibe un salario equivalente a 28 horas; otra profesora trabaja con 4 materias; y, la directora, aparte de entregar documentación a la SEP, gestionar apoyos para la institución y atender los problemas que se generan dentro de la escuela, imparte 4 asignaturas.

Por todo lo anterior, es posible afirmar que los jóvenes migrantes viven un permanente trastocamiento de la constitución familiar. Las relaciones con la familia, el otro género, con los amigos y compañeros se ven afectadas. Asimismo, se puede observar y deducir, al platicar con ellos, que sus identidades y prácticas culturales se han modificado. Se sienten de aquí y de allá.

También debe señalarse que los jóvenes migrantes de Chinantla padecen la discriminación y la exclusión social en su comunidad de origen. En Nueva York la mayor parte de los hogares dirigidos por mexicanos también viven en la pobreza, según se registra(Cfr. Conapo y Current Population Survey, 2006).

Por ello, es urgente el diseño y aplicación de políticas públicas y educativas que puedan representarles opciones formativas relevantes como para emprender un proyecto de vida digno. No puede seguir la simulación ni las demagógicas declaraciones que se ven desmentidas, sin rubor alguno, por la cruda realidad.

Resumen de la ponencia presentada en el Foro internacional de migración y estudios trasnacionales. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la BUAP, 18 de febrero de 2010.


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