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El hombre más feliz de la tierra | Imprimir |  E-Mail
Verónica Mastretta   
lunes, 15 de diciembre de 2008

Nos hemos acostumbrado a creer que la felicidad es una especie de competencia olímpica para acumular más, ser más éxitos que otros, poder sentir más placer, ser más ricos, sentirnos más listos, guapos y fregones que ninguno, hacer más que nadie.

Pues ahora los investigadores del laboratorio de Ciencias Afectivas de la Universidad de Winconsin nos dan una sorpresa con fundamentos científicos: la felicidad puede medirse y de hecho ha sido medida en un estudio realizado por dicha universidad a lo largo de varios años.

Y resulta que uno de los hombres más felices del planeta vive en una pequeña celda, no es dueño ni alto ejecutivo de ninguna de las familias del Fortune 500, ni se ha hecho riquísimo porque así lo ha elegido.

No tiene relaciones sexuales desde hace treinta años, ni vive pendiente del celular, ni tiene blackberry: no asiste a ningún lugar tipo Sport City, ni tiene Audi o BMW. No viste ropa de firma, jamás ha probado el Prozac (un antidepresivo) ni ha usado Cealis, Viagra o Levitra.

No consume drogas ni alcohol. No maneja dinero personal aunque lo genera a montones. Su nombre es Matthieu Ricard, francés por nacimiento y budista por convicción; es también el único entre cientos de voluntarios para el estudio de la Universidad de Winconsin cuyo cerebro no solo alcanzó el límite hasta entonces más alto de felicidad medible, sino que lo superó por muchísimos puntos sobre todos los demás miembros estudiados.

Los 256 sensores y decenas de resonancias magnéticas a las que Ricard se sometió durante los años que duró el experimento no mienten: allí donde los niveles de los simples mortales son muy altos en estrés, coraje, frustración y envidia, en el cerebro de Ricard éstas sensaciones negativas simplemente no se registran porque NO EXISTEN.

Ahí donde la mayoría de los voluntarios mostró bajísimos niveles en satisfacción y plenitud existencial, Ricard superó todos los índices.

Da positivo en la medición de todas las sensaciones placenteras (ver estudios en la página www.elmundo.es).

El, por supuesto, no ha logrado todo eso de un día para otro pero lo pudo hacer dejando a un lado todo aquello en lo que la mayoría de los humanos del mundo occidental suponen que radica la felicidad: éxito, dinero, poder, pericia científica, poder político, acumulación de posesiones y dinero, consumo, consumo y más consumo, y una amplia gama de etcéteras.

Es interesante saber que Ricard no fue ajeno a nada de eso: Fue hijo de un miembro emérito y rico de la academia francesa pero Ricard no se dejó deslumbrar ni por la posición, ni por el ateísmo y los conocimientos impactantes de su padre y el sobresaliente y privilegiado medio en el que creció; tampoco se le subieron a la cabeza sus propios méritos científicos y conocimientos de genética celular en el Instituto Pasteur. Con todo eso se sentía insatisfecho. Así que rico, atractivo, y siendo una eminencia científica, un día decidió cambiar de rumbo.

Se fue al Himalaya, se adentró en los conocimientos budistas, aprendió el idioma de las escrituras sagradas tibetanas, adoptó el celibato y la pobreza de los monjes e inició una nueva vida desde cero.

Hoy es la mano derecha del Dalai Lama y ha donado miles de dólares producto de la venta de sus libros para la causa del Tíbet y del combate a la pobreza en el mundo. Pero todo lo que hace no es la causa sino la consecuencia de su felicidad. La causa,-dice el jefe del estudio de la universidad, Richard. J Dawson- se debe a la PLASTICIDAD DE LA MENTE que consiste en la capacidad humana de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que decidimos alimentar. Al igual que se vuelven fuertes los músculos del cuerpo que se ejercitan, el cerebro fortalece y desarrolla las neuronas que utilizamos.

A más pensamientos negativos, mayor actividad en el corte derecho del cerebro y en consecuencia, mayor ansiedad, envidia, depresión, adicciones, ambición y hostilidad hacia los demás.... ¡infelicidad autogenerada! ¡Que gacho! ¿NO?

Es interesante saber que Ricard dice que no se trata de ver la vida color de rosa de un día para el otro, sino en trabajar sistemáticamente a lo largo de los años en " debilitar esos músculos de la infelicidad cerebrales" que tanto tendemos a fortalecer creyéndonos víctimas del pasado, de nuestros padres, del entorno, de nuestro físico. Se trata de empezar a fortalecer los músculos mentales que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra felicidad.

Los resultados que el estudio hace de nuestra civilización consumista que ahorita nos trae como loquitos viendo que babosadas compramos para la navidad, donde el prozac se vende cuatro veces más que el viagra, los resultados del estudio nos confirman con datos duros y científicos en la mano, lo que los humanistas de todos los tiempos han dicho: que la clave para ser feliz está en el interior de cada quien. Buda y Jesús así lo afirmaron. Aristóteles, uno de los padres del pensamiento occidental decía simplemente que "la felicidad es un buen hábito". Vivir las experiencias que la vida nos va imponiendo es obligatorio, pero nosotros elegimos entre sufrirlas o gozarlas ¿No es fascinante toda esta forma de ver la vida?

-Tomado del libro de Mathieu Ricard "En defensa de la felicidad". Ed. Urano y de notas de Carlos Rangel, de Querétaro.


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