Febrero 22nd, 2010La SEP en manos del SNTE. O al menos eso dijo la ONU.
Menudo varapalo le ha acomodado la ONU al gobierno de Felipe Calderón. Al concluir su visita al país, el relator especial sobre el Derecho a la Educación de la ONU, Vernor Muñoz Villalobos, dejó caer una auténtica bomba mediática.

Para el funcionario de Naciones Unidas, el concubinato que hay entre la Secretaría de Educación Pública, es decir, entre la administración de Calderón, y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), “agrega una gran complejidad al panorama educativo”. En otras palabras menos diplomáticas, el SNTE tiene agarrado al gobierno por donde más duele: el dinero… y su indebida utilización.
Y Muñoz fue más allá, al afirmar que hay una subordinación recíproca de funciones, lo que ha provocado una auténtica distrofia muscular en el aparato educativo.
En el reparto del pastel presupuestal, tras el pacto firmado con Calderón para garantizarle la Presidencia de la República, la profesora Gordillo se llevó una de las rebanadas más suculentas.
Antes de la crisis, en 2008 el gobierno federal destinaba 23.4% del gasto público al rubro de la educación. Sin embargo, la cifra es engañosa. La OCDE ha resaltado que buena parte del presupuesto se va en el pago a los profesores, lo que significa un jugosísimo flujo de dinero a las arcas del SNTE, vía cuotas sindicales. No en balde este gremio es considerado como el más poderoso de Hispanoamérica.
Sin embargo, ese obeso gasto no ha implicado una mejoría en el nivel educativo de los alumnos, ni en la calidad de la instrucción impartida-recibida. Y para prueba ahí están los resultados de la prueba PISO, que ubican a México en los últimos lugares de aprovechamiento en matemáticas.
Salvo la honrosísima excepción representada por la UNAM y un puñado de universidades públicas y privadas, el panorama educativo en México es sencillamente desolador. Y esa crisis se agrava en el nivel básico, donde el SNTE ha enterrado mejor los colmillos.
Porque muestra de esa sumisión del gobierno de Calderón fue la imposición del yerno de Gordillo, Fernando González Sánchez, en la Subsecretaría de Educación Básica, donde han sentado sus reales las huestes gordillistas.
Ese pago tiene una explicación político-electoral. Basta con recordar la atípica tendencia que mostró la votación a favor del Panal en cuanto a diputados federales y presidente de la República en la elección de 2006.
El diferencial fue de casi cuatro puntos, suficientes para que Felipe alcanzara una cabaña en Los Pinos y Elba Esther conservara su brazo político. Un arreglo al que no descalificó Gómez Mont en su momento, ahora que se ha mostrado tan delicado en el tema de las alianzas políticas.
Por otra parte, el relator de la ONU consideró que la Alianza por la Calidad de la Educación, impuesta por el SNTE al gobierno federal, es un simple acuerdo político “que no responde a la diversidad ni a la necesidad de que las oportunidades educativas cumplan a los fines establecidos en el derecho internacional de los derechos humanos”.
Pero aún hay más, como diría el clásico, ya que Vernor Muñoz tocó uno de los temas más sensibles de la supuesta gratuidad de la educación pública en México: el asunto de las cuotas exigidas por las escuelas para matricular a los alumnos.
Como todo el mundo sabe, las cuotas voluntariamente obligatorias son una de las fuentes con las que lucran directivos, profesores y hasta padres de familia que le entran al negocio y uno de los lastres que la corrupción ha colgado al sistema educativo de México.
A ver hasta cuándo se decide alguien a acabar con este panorama. Y esa es la última palabra.















