América Latina está fuera de la agenda papal, al menos para 2010. Hace unos días El Vaticano anunció que Benedicto XVI viajará en noviembre próximo a España, donde visitará las ciudades de Barcelona y Santiago de Compostela. Las intensas presiones de los obispos ibéricos sobre la Curia Romana dieron sus frutos e hicieron que el Papa programe dos viajes a esas tierras en el arco de nueve meses ya que, en agosto de 2011, estará en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud. Todo esto mientras Latinoamérica sigue siendo olímpicamente ignorada.

Como ya lo informamos en este espacio Joseph Ratzinger tiene previstos otros cuatro viajes internacionales en los próximos 10 meses: Malta (17-18 abril), Portugal (11-14 mayo), Chipre (4-6 junio) y Reino Unido (17-19 septiembre).

Si se suman todas estas visitas apostólicas a las ya cumplidas, a finales de año el Papa habrá realizado 18 giras internacionales, de las cuales 12 en Europa. En esa fecha habrá pisado 11 países europeos, tres asiáticos, dos africanos, dos americanos y uno de Oceanía. Sólo uno de ellos pertenece a América Latina: Brasil, donde estuvo en mayo de 2007.

Aunque es, por lejos, la región con mayor número de católicos en el mundo (más de 45 por ciento del total), Latinoamérica ha practicamente brillado por su ausencia: sólo ha contado con la presencia papal en dos ciudades, Sao Paulo y Aparecida, durante únicamente cinco días.

Así las cosas, hasta el momento, el obispo de Roma no puso pie ni siquiera en un sólo país latinoamericano hispanoparlante, por lejos la lengua más hablada del catolicismo mundial. Cuando tuvo la oportunidad, en enero de 2009 para participar en el VI Encuentro Mundial de las Familias de la Ciudad de México, prefirió quedarse en Roma por cuestiones de salud, decisión que despertó no pocas molestias entre los fieles mexicanos. Si esto no es ignorar a media cristiandad ¿entonces?

Serafines susurran.- Que no saben si reir o llorar (los Serafines y una que otra alma profana) por las exóticas, por no decir disparatadas, declaraciones de ilustres miembros de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en México apenas ayer durante el foro “En defensa del Estado laico” organizado por ese cuerpo parlamentario.

Según Maricela Contreras Julián, presidenta de la Comisión de Salud y Asistencia Social de la Asamblea, “darle al clero libertad de expresión en toda la extensión, sería un retroceso” porque, seguramente piensa, que los derechos humanos (entre ellos la expresión) se aplican sólo a una parte de la sociedad y no a todos sus miembros, como debe ser, en cuanto seres humanos.

Por otra parte el diputado del izquierdista Partido de la Revolución Democrática, Alejandro Sánchez Camacho, señaló que ante “las irregularidades” de la Iglesia católica y los “abusos” de los sacerdotes, sin especificar cuáles, es urgente crear en la capital mexicana un “instituto” que asegure la laicidad y haga cumplir la ley. Algo así como una Gestapo laica que, al mejor estilo Plutarco Elías Calles, silencie de una vez por todas a esos católicos tan incómodos. Eso sí que es tolerancia y debate de altura.

Querubines replican.- Que como ya lo hemos anunciado aquí El Vaticano conformó una comisión “ad hoc” para estudiar a fondo las supuestas apariciones de la Virgen María en Medjurgorje, un pequeño pueblito de Bosnia-Herzegovina.

De la noticia da cuenta ahora la revista italiana Panorama en su último número, del fin de semana pasado. Según el vaticanista Ignazio Ingrao el presidente de la comisión será, nada menos, que el cardenal Camillo Ruini, por años presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y vicario del Papa para la diócesis de Roma. De confirmarse este nombramiento sólo se puede esperar un estudio serio, escrupuloso y ortodoxo del movimiento Medjugorje.

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El escándalo por la pederastia clerical en Europa ha cobrado magnitudes insospechadas. Primero fue Irlanda y en, las últimas semanas, han salido a la luz casos en Austria, Holanda y  en la tierra del Papa Benedicto XVI, Alemania. Ante la crisis El Vaticano reaccionó ayer con una larga nota de prensa de su vocero, Federico Lombardi, que aclara confusiones, reconoce culpas y promete transparencia.

Varios aspectos destacan en el escrito, mesurado y clarificador. Ante todo acepta los errores cometidos en instituciones eclesiásticas y reprueba los actos inmorales. Establece que la prioridad de la Iglesia son las víctimas y que los primeros responsables de atender denuncias de abuso son los obispos locales, quienes deben hacerse plenamente responsables por sus acciones (de negligencia u omisión) y las de sus subornidados, los sacerdotes.

El comunicado denuncia una gran verdad: la pederastia no es una patología exclusiva de los miembros de la Iglesia, es realmente una enfermedad mental que se manifiesta en todos los campos sociales. Claro que la pedofilia entre sacerdotes es condenable desde todo punto de vista, pero centrarse sólo en ella, sobre todo a nivel de medios de comunicación, es más bien una manifestación de amarillismo y morbo, que un intento desinteresado por hacer justicia.

La pederastia es una lacra más extendida de lo que pensamos. ¿Qué nos pasa como sociedad para que estas aberraciones tengan lugar día tras día? Tan malditos son quienes ponen la mano sobre un infante con perversas intenciones, sean curas, maestros, vendedores de helado, jugueteros o padres de familia.

Más de uno ha notado que la declaración de Lombardi aborda los casos de abuso en países europeos pero nada dice en torno al asunto Legionarios de Cristo. Tal vez El Vaticano pretenda manejar el caso por otro lado y no mezclar delicadas situaciones. Pero así como exige a los obispos hacerse cargo en sus diócesis del problema con transparencia debería pronunciarse, al menos preventivamente, sobre una congregación de derecho pontificio, cuya dirección general se encuentra en Roma y depende directamente de la Santa Sede.

A PROPÓSITO DEL DEBATE SOBRE LOS ABUSOS SEXUALES
Por Federico Lombardi, S.J.
Radio Vaticana / 9 de marzo de 2010

Desde hace algunos meses la gravísima cuestión de los abusos sexuales a menores en instituciones administradas por entes eclesiásticos de parte de personas con responsabilidad en la Iglesia, en especial sacerdotes, ha embestido la Iglesia y la sociedad irlandesa. Recientemente el Santo Padre ha demostrado su participación, en particular con dos encuentros, primero con los más altos representantes del episcopado y después con todos los obispos ordinarios, y prepara la publicación de una carta sobre el argumento para la Iglesia en Irlanda.

Pero en las últimas semanas el debate sobre los abusos sexuales a menores está involucrando a la Iglesia también en algunos países de Europa central (Alemania, Austria, Holanda). Sobre este desarrollo quisiéramos hacer unas simples consideraciones.

Las principales instituciones eclesiásticas involucradas (la provincia de los jesuitas alemanes –la primera a ser involucrada por el caso del Colegio Canisius de Berlín-, la conferencia episcopal alemana, la conferencia episcopal austríaca, la conferencia episcopal holandesa) han afrontado la manifestación del problema con rapidez y decisión. Han dado prueba de voluntad de transparencia, en cierto sentido han acelerado la manifestación del problema invitando a las víctimas a hablar incluso cuando se trataba de casos de muchos años atrás.

Actuando así han afrontado las cuestiones “con el pie derecho”, porque el punto de partida correcto es el reconocimiento de lo ocurrido, la preocupación por las víctimas y las consecuencias de los actos cometidos contra ellos. Además han retomado en consideración las directivas ya existentes y han previsto nuevas indicaciones operativas para poner en práctica también la estrategia de prevención, a fin que se haga todo lo posible para que en el futuro similares gravísimos hechos no se repitan.

Estos hechos movilizan a la Iglesia a elaborar las respuestas apropiadas que deben ser insertadas en un contexto y en una problemática más amplia que incluye la tutela de los niños y los jóvenes de los abusos sexuales en la sociedad.

Ciertamente los errores cometidos en las instituciones y por responsables eclesiales son particularmente reprobables, dada la responsabilidad moral de la Iglesia. Pero todas las personas objetivas e informadas saben que la cuestión es mucho más amplia, y el concentrar las acusaciones sólo sobre la Iglesia lleva a falsificar la perspectiva.

Sólo para dar un ejemplo, los datos apenas publicados por las autoridades competentes en Austria dicen que en un mismo periodo de tiempo los casos comprobados en instituciones de la Iglesia fueron 17, mientras unos 510 ocurrieron en otros ambientes. Es importante preocuparse también por estos.

Justamente ahora en Alemania se pretende convocar, promovida por el Ministerio de la Familia, una “mesa redonda” de las diversas realidades educativas y sociales para afrontar la cuestión en una perspectiva completa y adecuada. La Iglesia está naturalmente lista a participar y empeñarse. Probablemente su dolorosa experiencia puede ser una contribución útil también para otros. La canciller, señora Merkel, ha justamente confirmado a la Iglesia en Alemania de la seriedad y del carácter constructivo de su empeño.

Para completar estas consideraciones es bueno recordar además que la Iglesia está inserta en la sociedad civil y en ella asume sus responsabilidades, pero tiene también un propio ordenamiento específico distinto, el “canónico”, que responde a su propia naturaleza espiritual y sacramental, en el cual los procedimientos judiciales y penales son de naturaleza diversa (por ejemplo no prevén penas pecuniarias o de privación de la libertad, sino el impedimento del ejercicio del ministerio, privación de los derechos en el campo eclesiástico, etc).

En el ámbito canónico el delito de abuso sexual de menores ha sido siempre considerado uno de los más graves de todos, y las normas canónicas lo han constantemente reafirmado, en particular la carta “De delictis gravioribus” del 2001, muchas veces inoportunamente citada como causa de una “cultura del silencio”. Quien conoce y entiende qué se trata, sabe que ha sido un signo determinante per reclamar al episcopado sobre la gravedad del problema y un impulso concreto para la elaboración de directivas operativas para afrontarlo.

En conclusión, aunque no se puede negar la gravedad de la prueba que la Iglesia está atravesando, no se puede renunciar a hacer todo lo posible para que se obtengan también resultados positivos, de mejor protección de la infancia y de la juventud en la Iglesia y en la sociedad, y de purificación para la Iglesia misma.

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Los Legionarios de Cristo enfrentan una tempestad de enormes magnitudes luego del “tsunami” que los embistió la pasada semana a causa de la entrevista de radio que ofrecieron en México los supuestos hijos del fundador de la congregación, Marcial Maciel Degollado. El escándalo es uno de los temas más comentados en los pasillos del Vaticano, desde donde se observa con preocupación, estupor, sorpresa y bronca la crisis eclesiástica.

Desde la primera aparición pública de José Raúl, Christian y Omar González Lara, autodeclarados como vástagos de Maciel (los dos primeros de sangre, el otro por adopción) se han desatado una avalancha de artículos periodísticos, columnas y editoriales dedicadas al tema de la Legión. Algunas de una mesurada calidad, otras verdaderamente disparatadas.

Por eso, con afán de aclarar y aportar un análisis serio, intentaré esbozar en este espacio algunas precisiones debidas a afirmaciones temerarias, y no tanto, de algunos periodistas mexicanos.

En diversos escritos de estos días es posible encontrar frases como: “los 26 millones de dólares exigidos por los hermanos González Lara a la Legión fueron pocos, teniendo en cuenta los terribles abusos” o “los Legionarios hicieron mal una vez más, debieron haber pagado”. Falacias.

Es verdad que 26 millones de dólares pueden considerarse “poco” para pagar un abuso sexual, lo serían también 100, 200 o 500 millones. Pero existe un detalle no menor: ese dinero pagaría un silencio extorsivo, no repararía los daños a una injusticia. Si la Legión accedía a ser chantajeada habría profundizado la injusticia contra las víctimas, demostrando que sus intentos (hasta ahora insuficientes, pero intentos al fín) de cortar con el pasado son parte de una estrategia cosmética, digna del más refinado “estilo Maciel”.

¿Cómo es posible que un periodista serio pueda siquiera considerar como lícito y justificable la comisión de un delito “en nombre de la justicia”? Justicia mal hecha no es justicia, quizás venganza. Los Legionarios no hicieron mal negándose a pagar, en realidad su actitud es una de las pocas cosas bien hechas en toda esta historia.

Esto no minimiza sus cuentas pendientes, las deberán pagar a su tiempo. Porque sí es cierto que algunos de sus superiores tenían conocimiento de las acciones inmorales de Maciel, que pudieron haberlas impedido y no lo hicieron. Responsabilidad ineludible que deberán asumir, no en lo “oscurito” pagando chantajes, sino abiertamente y en clara actitud de dolor.

José Raúl González Lara, quien pidió los millones a la Legión (cifras que decidió omitir en su primera entrevista, quizás para no dar la impresión de sólo estaba movido por el dinero) al sentirse señalado como extorsionador retó a los religiosos a someterse a la prueba del polígrafo, mejor conocido como el “detector de mentiras”, para que, quien no la pase, “se vaya a la cárcel”.

¿Por qué el polígrafro y por qué la cárcel? Afirmaciones temerarias que no tienen mucho que ver con las acciones de González Lara, quien salió a la prensa sin siquiera informarle al abogado que desde hace meses lo estaba asesorando: José Bonilla. Apenas ayer su bufete  emitió un comunicado en el cual rompe con los supuestos hijos de Maciel, a quienes hasta la semana pasada representaba jurídicamente.

El boletín es por demás significativo porque en él Bonilla, desde hace años acérrimo rival de los Legionarios (nadie puede acusarlo de querer beneficiarlos), estableció que las declaraciones de González Lara sobre los abusos “son una versión distinta en algunos puntos sustanciales que difieren de lo que originalmente nos narraron”.

Esta situación pone en dificultades el reclamo de los supuestos hijos de Maciel, especialmente desde el punto de vista legal. Porque una cosa es salir a la prensa y dar una versión, otra muy distinta es probar los hechos ante un tribunal, donde sólo cuentan las pruebas.

Hechas las precisiones debidas es importante señalar que en Roma existe quienes consideran una “historia creíble” la paternidad de Maciel sobre estos muchachos y no invalidan, a la primera, que incluso el inmoral sacerdote haya podido abusar de ellos. “Sería una actitud congruente con  una persona tan enferma”, establecen. De ser así toda la solidaridad y la cercanía a las víctimas, por el inmenso daño sufrido. Sin cortapisas, sin medias tintas.

Un voluminoso dossier con todas las revelaciones de los hermanos González Lara ya circula en El Vaticano y será, sin duda, tomado en cuenta a la hora de definir el futuro de la Legión tras la visita apostólica que concluirá en su fase operativa el próximo 15 de marzo.

En honor a la verdad el Papa Benedicto XVI deberá aplicar grandes remedios a tremendos males. El único camino es una real purificación, aceptación de las culpas y reconocimiento a las verdaderas víctimas. Por el bien de a Iglesia, de los Legionarios y del pueblo fiel.

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Se fue un pastor a toda prueba, de esos de antes, incansable luchador por las almas, el obispo emérito de Nuevo Casas Grandes en Chihuahua, México, Hilario Chávez Joya. Su cuerpo sin vida fue encontrado la madrugada de este 4 de marzo en su habitación del Seminario de los Misioneros de la Natividad de María, ubicado en Santa Ana del Conde, en el estado de Guanajuato.

Todo el mundo lo conocía como Don Hilario, por su carácter afable y su cercanía con la gente. Nació en la Ciudad de México el 14 de enero de 1928 y fue ordenado sacerdote el 22 de octubre de 1950 en Granada, España. Pablo VI lo nombró responsable de la entonces prelatura de Nuevo Casas Grandes el 15 de febrero de 1978.

Nunca buscó una carrera eclesiástica de éxito, desdeñó nombramientos y títulos. Invirtió sus 27 años de ministerio episcopal al servicio de su grey de Nuevo Casas. Logró que esa prelatura (territorio de misión) pasara a categoría de diócesis en el año 2000. Como su primer obispo incrementó el número de seminaristas y sacerdotes, fundó la escuela Fray Felipe de Jesús así como una una gran cantidad de parroquias.

El Papa Juan Pablo II le pidió ser administrador diocesano en la entonces Prelatura de Madera, mientras designaba un nuevo prelado. Inició y dirigió en la Conferencia del Episcopado Mexicano el ramo de la Pastoral Castrense, para la atención a los militares. Además fue vocal de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en el trienio 1990-1993.

En 2003, al llegar a los 75 años, renunció al gobierno de su diócesis como lo exige el Código de Derecho Canónico y el 22 de mayo de 2004 el Papa nombró a su sucesor, Gerardo de Jesús Rojas López. En agosto siguiente se dio el paso de estafeta y Chávez Joya quedó como emérito.

Entonces se mudó a Guanajuato, diócesis que lo adoptó como un hijo. Allí se dedicaba a visitar a amigos, confesar y dar dirección espiritual en el seminario de su congregación de los Misioneros de la Natividad de María. Allí mismo ayer lo encontraron ya fallecido, transitó a la casa del Padre de manera natural, de viejito.

Como pastor fue un convencido de la importancia de la inserción de los católicos en la política y en todos los campos de la vida social. Soñaba una generación de políticos que marcaran la diferencia. Así lo plasmó en su II Carta Pastoral “Nuestra oración y el orden político” donde escribió:

“Merecen, pues, los gobernantes, por la autoridad de que están investidos, la oración de todos los ciudadanos y no sólo se ha de orar por las personas del gobierno sino además por sus obras mismas, sus programas, en cuanto van dirigidos a acrecentar el Bien de todos”. Descanse en paz, Don Hilario.

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La aparición por primera vez en los medios de comunicación mexicanos de los supuestos hijos de Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo, no es gratuita ni casual. Ayer por la mañana se presentaron en la radiodifusora MVS José Raúl, Christian y Omar González Lara. Los dos primeros dicen haber sido engendrados por Maciel y su madre, Blanca Estela Lara. La entrevista, realizada por Carmen Aristegui, destapó una historia que huele muy mal: escándalo, chantaje y extorsión de por medio.

Es lícito preguntarse ¿por qué hasta ahora salieron a la luz estas personas y con qué motivo? La respuesta se puede encontrar en un comunicado emitido hoy por la oficina de prensa de los Legionarios de Cristo en México. En el mismo queda en claro una cosa: José Raúl González Lara exigió a la Legión 26 millones de dólares a cambio de su “silencio”.

Seis millones para cumplir con “la última voluntad de Maciel“, de asegurar un buen futuro a sus vástagos, que habría sido comunicada por el sacerdote de manera oral al mismo González Lara y otros 20 millones como “compensación por sufrimientos” derivados de una serie de abusos sexuales que el fundador de la Legión habría cometido contra él y contra su hermano Christian.

La módica petición ha sido interpretada por la cúpula de la congregación como un intento de chantaje, sobre todo porque el 8 de enero pasado Raúl González Lara en una conversación telefónica con Carlos Skertchly, legionario encargado de atender el caso en representación del superiór Álvaro Corcuera, le dijo “si ustedes me dan el dinero, callo la verdad”. La respuesta debía ser dada antes del día 13 de enero.

Y la respuesta llegó en una carta del mismo Skertchly del 12 de ese mes: un no rotundo. “En modo alguno” la congregación se mostró abierta a “ceder a las peticiones de pagar dinero a cambio de silencio”.

“Si bien valoramos todo el dolor y el sufrimiento que nos has relatado, y deploramos el mal que pueda seguirse del escándalo, no acogeremos nunca peticiones de este género, que además, son ilícitas. Preferimos buscar y afrontar la verdad por dolorosa que sea”, apuntó la misiva.

Esta historia deja más dudas que certezas. Todo parece indicar que el silencio por los abusos sexuales supuestamente cometidos por Maciel, bajo el seudónimo de José Rivas, tienen un precio muy concreto: 26 millones de dólares, ni más, ni menos. Esta exigencia tan insistente de dinero resta credibilidad a los dichos de los autoproclamados hijos del fundador legionario.

La duda se acrecienta al saber que la madre, Blanca Estela Lara, afirmó haberse enterado de la verdadera identidad de su concubino en 1997 gracias a un número de la revista Contenido donde se relataban algunas de las acusaciones en contra del eminente sacerdote. ¿Por qué no exigir inmediatamente una prueba de paternidad para una demanda judicial?

Hoy por hoy los Legionarios no tienen una certeza absoluta sobre la paternidad de los hermanos González Lara. Tampoco saben qué fue del supuesto fondo que Maciel les habría dejado antes de morir para asegurar su futuro, del cual supieron sólo a través de José Raúl, quien primero aseguró que se encontraba en las Bahamas y luego habló de Suiza.

Muchos cabos sueltos, muchas zonas grises, poca claridad. Resulta evidente que al recibir una respuesta negativa a sus exigencias económicas de indemnización, José Raúl González haya decidido romper el silencio y hacer pagar a la Legión por los pecados de su fundador saliendo a la prensa cuando en los últimos dos años había “negociado” callarse en medio de una confidencialidad acordada por ambas partes.

Si Maciel fue su padre y si abusó de él o de sus hermanos sólo Dios tendrá la certeza.  Si es verdad no hay más que expresar solidaridad y cercanía espiritual. Lo cierto es que, a efectos prácticos, eso poco importa ahora. Jurídicamente sería casi imposible lograr una condena que obligue al instituto religioso a hacerse cargo de los delitos de su fundador con una cifra en efectivo, sobre todo porque el principal imputado ya falleció.

Marcial Maciel Degollado cometió numerosos y aberrantes actos inmorales. La Iglesia católica y los Legionarios de Cristo tarde o temprano lo deben aceptar públicamente, pedir perdón a las víctimas, asegurarse que no se repita y poner la casa en orden. De eso no hay duda.  Eso justamente está reñido con el comprar silencios a cifras disparatadas: una actitud más propia de ese personaje al que todos llamaban “nuestro padre”, que de una Legión en vías de purificarse y dejar atrás el lastre de su pasado.

Serafines susurran.- Que el resultado final de la visita apostólica a todas las instituciones ligadas a los legionarios en el mundo, todavía en curso, tardará “varios meses”. Así lo confirmó hoy el vocero del Vaticano Federico Lombardi quien pidió esperar los tiempos naturales de una investigación de ese calibre.

Los cinco obispos visitadores concluirán su fase de revisión el próximo 15 de marzo y después deberán entregar sus informes a la Sede Apostólica, la cual confeccionará un resumen general que será turnado al Papa Benedicto XVI para su análisis y eventual decisión.

En Roma hacen saber que esto puede llevar algunos meses, por lo cual antes de la próxima Pascua no habrán novedades (aquí un reporte amplio sobre el tema).

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